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Dos mundos paralelos (que raras veces se tocan)

agosto 20, 2010

La rotonda de la playa

A veces me da por pensar que la suerte nos esquiva. Cuando me rebelo y busco motivos para no pensarlo (por pura supervivencia mental, supongo), la razón me hace darme cuenta de lo afortunados que somos de poder navegar alrededor de dos mundos muy distintos y enlazarlos de vez en cuando.

Llevo muchos años viviendo lejos de mi tierra y de mi familia. Mi carácter y mi gusto por la lluvia y el mar me definen muy norteña. Actualmente mi vida esta en otro lugar, en una zona  pobre en recursos pero muy rica en naturaleza y con unas gentes acogedoras y variopintas.

Conozco en profundidad el estilo de vida de dos sitios muy diferentes, no soy una visitante ocasional.

Por eso, cada vez que visito Hondarribia y paso unos días recorriendo la zona con la familia, me admiro de la cantidad de “lujos” que observo a mi alrededor y que todos los que allí viven disfrutan con naturalidad: parques infantiles con tal despliegue de cuerdas, tubos y artilugios que más bien parecen ensoñaciones de Dalí, explosiones de color y de olor en las barras de los bares, gloriosas rotondas floridas diseñadas al milímetro, el Mar (y sus millones de posibilidades sin gastar ni un céntimo), el médico a cinco minutos en coche….

Lo más sorprendente de todo, es lo rápido que te aclimatas a ello. Pasados unos días, eso te parece lo normal. Y cuando vuelves a tu realidad cotidiana, tan lejos en todos los aspectos, te das cuenta de que según como se mire, “lujos” también son otras cosas: jugar a saltar un río, no tener rotondas floridas, pero tampoco semáforos, deslizarse por la rama de un árbol en vez de por un tubo reluciente (en el que además hay que hacer cola para tirarse) o que los niños no tengan que hacer una excursión en autobús para saber qué es una vaca o una gallina.

Sería divertido intercambiar a dos personas de ambos lados. La de aquí a lo mejor no ha visto el mar, y alucinaría con lo azul que es en un día de sol, pero la de allí quizá no sabría recoger olivas para hacer su aceite, hacer que le sigan cincuenta vacas, divertir a su nieto solo con un palo o pasarlo pipa en el cine de verano (una lona blanca como pantalla colgada en un frontón), aunque no se oiga la película.

Tenemos la posibilidad de disfrutar de dos mundos muy alejados y hacer de conexión entre ellos. Te da una perspectiva muy diferente de las cosas.

Es lo que me hace creer que, después de todo, resulta que si que somos afortunados.

Y eso alivia un montón.

2 comentarios leave one →
  1. agosto 20, 2010 1:50 pm

    yo si que soy afortunado de tenerte como hermana! viva mipatatacorazón!

  2. Maribel permalink
    agosto 26, 2010 11:26 am

    Me parece muy interesante y enriquecedor el poder vivir dos mundos, es una suerte para los que conoceis la experiencia, dos lugares tan cercanos y a la vez lejos. Cerca, porque en unas horas en coche podéis disfrutar de uno de esos dos mundos y lejos por lo diferente que os hace vivir y sentir. por ultimo solo añadir que para mi es un placer poder compartir uno de los mundos contigo.

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