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In crescendo

noviembre 13, 2010

Cuando el tiempo acompaña (y tengo tiempo del otro) escribo el post de turno cómodamente sentada en un banco del parque al que va M. a jugar con sus amigos.

Cuando hablo de parque, hay que olvidar el concepto que habitualmente se tiene de ellos.

“El parque de las eras” (de su nombre real no se acuerda nadie) es exclusivamente de los niños del cole (recuerdo que solo hay unos veinticinco niños). Nunca hay nadie extraño y juegan solos, sin padres al acecho (solo yo, que escribo y la verdad es que no acecho nada de nada, por lo que me he mimetizado con el entorno y se comportan como si yo no existiese).

Libres como piratas....

Van llegando cuando salen de clase, como moscas atraídas por la miel (por no decir atraídas por la caca de vaca, más común por estos lares), bocadillo en mano y acompañados de un balón o una bici.

Un barco anclado en plena meseta y mucho espacio por explorar a su alrededor  constituyen la base de sus juegos.

Con los años, M. y sus amigos se han hecho mayores y ya casi no están en el recinto vallado del parque en sí. Corren en bici por las eras de alrededor, dan raquetazos en pistas improvisadas o juegan al escondite en la calleja.

Una pista improvisada

La calleja del escondite

También cogen manzanas y moras que intentan “vender” en las casas de alrededor (con lo recaudado compran gusanitos y fanta para hacerse merendolas alrededor de la fuente).

De manera que disfruto de un momento relajante que aprovecho para escribir (el entorno además acompaña). A veces les observo jugar sin que lo noten (como he dicho, se han acostumbrado a mi presencia, me he mimetizado en mi rincón) y me proporcionan tema de reflexión a menudo. No hay nada que vigilar y normalmente me quedo sola al solecito, a lo mio, mientras ellos corren (a lo suyo).

Pero el otro día algo me hizo levantar los ojos del papel.

Jugaban al fútbol a una cierta distancia. Muchas veces niños y niñas de diferentes edades juegan al balón. Son pocos y tienen que jugar todos juntos a lo que sea para poder hacer un equipo mínimamente decente.

De repente cortó el aire una voz soliviantada de niño que dijo (con un intervalo de segundos entre una exclamación y la siguiente….subiendo escalones de indignación):

¡Mano!….¡Falta!….¡Amarilla!….¡Roja!….¡Expulsión!….¡A la puta calle!

 Por suerte (para él sobre todo, con su madre allí, mimetizada pero con oídos) no fue M. el que habló.

Será por eso que me hizo tanta gracia.

Lo que empezó como una simple mano acabó poco menos que con el acusado en la hoguera, y todo en cuestión de segundos.

Fue un perfecto IN CRESCENDO de indignación que quizá pudo haber terminado en una riña colectiva si hubiera sucedido en otro sitio. Afortunadamente no es habitual que tengan líos, de manera que el que colocó la mano donde no debía agachó las orejas y se fue a la p..a calle sin rechistar.

Los demás rieron, y me di cuenta de que no lo hacían del expulsado. Reían (como yo  -internamente, eso sí-) de lo que acabábamos de escuchar.

Una frase explosiva. Con las tres “cés”: concisa, clara y contundente.

 

Una metáfora heavy que expresa con toda claridad algo que a casi todos nos sucede a menudo: si dejas que la bilis te coma y te domine, algo que empieza a poquitos, probablemente acabe a lo bestia.

 

La propongo como frase definitiva (y explosiva) cuando ya no puedes más, te amargan la vida y no sabes por dónde empezar (o acabar)……

……….una tarjeta (roja a poder ser) en el espejo del baño (o en el volante del coche si no es muy de fijarse) en la que ponga bien clarito:

¡Mano!….¡Falta!….¡Amarilla!….¡Roja!….¡Expulsión!….¡A la puta calle!

 Más claro, el agua….

Y mayor desahogo, imposible.

 

5 comentarios leave one →
  1. noviembre 13, 2010 4:02 pm

    jeje qué grande! me encanta! a la puta calle!

  2. Loren "elasiduo" permalink
    noviembre 13, 2010 5:16 pm

    La podemos usar a nuestro antojo? Me ha encantado. Tiene que desahogar un huevo. Deivid, cuidado con soltarla en la tele, a tu próximo invitado.

  3. Marialuisa permalink
    noviembre 13, 2010 10:44 pm

    Me encanta me encanta, ay qué recuerdos los del parque, tienes suerte, en mi caso el mío era mas de una vez protagonista, no de los de pegarse con nadie, al contrario todos querían estar con el de lo divertido que era y es, pero era el ejecutor de todas las ideas de todos y en alguna ocasión me han preguntado “¿Sabes quien es la madre de ese niño?”, y yo he contestado, “¡ni idea!”.

  4. ROCIOESTHER PADRON permalink
    noviembre 15, 2010 9:04 pm

    Que bonitos los rincones de un sitio particular del pueblo,que grande y Chusco esta M. (chusco, en mi tierra es buen mozo a la antigua)pero es hijo legitimo de Madre y Padre.Me encanta tus escritos me hice a la idea cuando estaba como tú..pero Hoy M. vá en otra dirección una bien distinta seguramente que me plantee, o jamás me lo plantee,por eso llegó así impestivamente y que duro se me hace ir al Parque,disfruta esos momentos…un beso y me relaja leerte

  5. noviembre 15, 2010 9:04 pm

    Que divertido, que suerte tiene tu hijo de poder correr por esas calles sin la constante vigilancia de sus padres y sin coches, como nosotros de pequeños. Ahí no tenéis problemas para aparcar, ¡¡¡por lo que veo en la foto del tenis!!! de lujo! Me gusta tu pueblo.

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