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El tiempo vuela

diciembre 24, 2010

Hoy tocaba hablar de los nuevos broches para la serie “El tiempo vuela” que he preparado. Y ya lo he hecho.

Supongo que poco (o nada) más hablaré de ellos, pues mucho me temo que el título que encabeza esta narración me ha hecho pensar en algo que me ha dicho una amiga y que me va a obligar a cambiar el relato en las líneas que siguen.

A. y yo somos amigas desde hace veinte años, cuando éramos dos veinteañeras gloriosas libres de preocupaciones y kilos traicioneros.

No nos vemos mucho, pues vive lejos, pero es de esas amigas que constituyen una constante en tu vida año tras año y sabes que seguirá siéndolo.

La semana pasada hablamos y me contó que había leído el post anterior, y que al mirar las fotos se había dado cuenta de que ¡yo era una señora! ¡y ella otra! (¡ay Anina! deberíamos retomar el spinning).

No es que todos estos años nos hubiera supuesto hombres, no, es que siempre hemos sido “unas chicas” y aún nos imaginábamos en ese status.

Debe ser que cuando nos vemos en directo (una o dos veces al año) somos las de siempre, nos reímos de las mismas cosas que hace veinte años y no captamos  la imagen real que cruelmente proyecta una fotografía cuando la analizas.

Lo peor de todo es que ¡es verdad!

Tener más de cuarenta respalda esta afirmación. Es una edad-limbo. No eres joven ni anciana. Eres madura. Como las peras (fruta a la que por otro lado detestas parecerte). Pero el símil es de lo más apropiado visto el cuerpo que se suele acabar quedando. Culón y blando (como una odiosa pera madura).

El primer aviso llegó hace ya bastantes años, cuando oficialmente aún no era una señora.

Aún recuerdo la mirada glacial que dirigí al frutero adolescente que me dijo muy jovial  ¡Qué quiere señora!

Debió pensar que la señora esa se había tragado un palo.

Los siguientes avisos los he ido ignorando, pero he llegado a un punto en el que me acosan las dudas.

Quisiera saber si el punto de inflexión que me hará mutar va a ser una visión, una revelación interna o simplemente el dejarte vencer y considerarte a ti misma “una señora”.

¿Sustituiré mi “juvenil melenita” por un pelocasco inmóvil cargado de laca? ¿de color blanco-azulado quizás?

¿Cuando me va a asaltar la locura que me hará cambiar los vaqueros por faldas a media pierna con ejecutivos color carne?

¿Querré asistir como público a los programas matinales de TV y reír como si estuviera chalada?

¿Me haré fan de Bertín Osborne? ¿de la Campos también? ¿o mejor Juan y Medio?

¿Me tragaré largas colas y empujones para llevar a casa un melón gratis?

¿Daré cachetes en la cara a los niños en señal de saludo cariñoso? (el famoso saludo-trampa de mi tía Jesusa).

¿Me entretendré hablando de enfermedades y dolores variados?

¿Me gustará el ambiente de Benidorm en invierno?

¿Conseguiré aprender el baile de los pajaritos? ¿y a bailar pasodobles?

 

Que agitación de vida se me avecina.

Son tantas cosas que voy a tener que empezar a ensayar. 

Aunque en honor a la verdad he de decir que los años acumulados que me han permitido acceder a la categoría de señora me han dado experiencia, templanza y astucia vital. Pero también me han quitado vista, inocencia, ilusiones y alguna persona de mi lado.

Total, que la conclusión que extraigo de tanta divagación es que está todo mal montado (un poco al tuntún).

Tengo una teoría: deberíamos nacer ancianos.

Antes de esto, convendría cambiar el sistema de llegada al mundo para adaptarlo a un hijo de ochenta kilos (y años). Algo que ya había pensado después de ser madre (¿realmente es necesario que algo tan grande salga por un sitio tan pequeño?).

Según fueran pasando los años, tu cuerpo los iría descumpliendo. Así llegaríamos a conseguir algo estupendo: experiencias y sabiduría de años, acumulada en cuerpos llenos de vitalidad y dispuestos a comerse el mundo. Sin dolores de huesos, vista maltrecha ni cansancios morales. Con unos optimistas ancianos por hijos, sabedores de que todos sus males van a desaparecer.

El único fallo que le encuentro sería la cantidad de sabihondos niños encorbatados que pulularían por administraciones de hacienda, gerencias de urbanismo y organismos de todo tipo. Aunque también es verdad que los que ahora están ahí, algo de eso tienen.

¡El tiempo vuela!

¡Cógelo! ¡Córtale las alas y saboréalo!

No le dejes volar demasiado alto. Si escapa de tu vista lo pierdes para siempre.

Nunca vuelve.

Y hay que aprovechar….. (mientras se pueda)

¿Alguno me pasaría la coreografía de los pajaritos?

Me busco un par de amigas y me pongo a ello…. (por ir ensayando, más que nada…)

5 comentarios leave one →
  1. gabriela permalink
    diciembre 24, 2010 5:52 pm

    feliz Navidad , Leticia , de parte de una de 52 ( horror!) años que no se siente señora para nada, aunque todos los que no le conocen le llaman señora con toda naturalidad , pero porqué sera ?
    enfin , asi es la vida , y hay que disfrutarla a cada momento…
    me encanta lo que escribes y como lo escribes…
    que pases feliz noche y felices fiestas
    un abrazo

    gabriela

  2. Marialuisa permalink
    diciembre 25, 2010 4:23 pm

    La 50 añera se apunta a tu baile bamboleante este que has puesto arriba pero sin gorritos que no me gusta ponerme nada en la cabeza. 9 “NOS” ROTUNDOS a todas tus “autopreguntas” del futuro. No a la laca, NO a los ejecutivos color carne (y a la lencería de ese color menos, seré una vieja verde con lencería color negra y flores rojas), No a asistir a los programas de la TV, ¡horror!, NO a las colas por un melón gratis (a no ser que el melonero merezca la pena), NO a dar cachetes a los niños, siempre me acuerdo de Guille el de Mafalda, cuando le besaba alguna amiga (gorda) de su madre se imaginaba que le besaba un hipopótamo, ¡esto lo tengo siempre en mente!, NO JAMÁS, a hablar de enfermedades, para eso ya está mi suegra. ¡No! a irme a Benidorm, y pasearme por la calle del coño (le llaman así a una calle porque viven ahí todos los vascos), ¡me gusta el invierno en mi ciudad!. Seguiremos bailando el “A quien le importa” de Alaska en vez de pasodobles, esto era más de nuestras madres, jeje. ¡Y UN SI MÁS ROTUNDO A DARLE VIDA A LOS AÑOS Y NO AÑOS A LA VIDA!…..Un beso guapa. Está claro que yo no puedo contestar si o no……¿me estaré haciendo mas vieja?

  3. Maribel permalink
    diciembre 25, 2010 10:09 pm

    Señora, señora!!! Qué exagerada eres!! Yo, hoy te he visto estupenda, somos casi unas chiquillas aun queda mucho para ser inseparables de las lacas, y las medias de color carne, bueno….creo que no nos pasará nunca, tu post: fabuloso, cómo siempre, un beso

  4. cris permalink
    enero 1, 2011 9:36 pm

    De todos los modos ANINA no le hagas mucho caso lo de los años lo lleva mal. Yo os veo como simpre ( te vi en la tele estupenda, por cierto un dominio total). Que el tiempo vuela dimelo a mi Sonia cumplio 27 y Sergio 21. Como me cuesta (mucho) imaguinarte con laca, falda a media pierna ………etc. Ademas de ser una artista los post son una pasada. Un besoooooooooooooooooooooooooooooooooooo muy fuerte.

  5. enero 24, 2011 8:48 am

    Hola! Acabo de descubrir tu blog, y… aunque lo que verdaderamente debería interesarme de él son tus creaciones, me ha encantado este post!!
    Tengo 23 años y desde que tengo uso de razón la frase de “deberíamos nacer ancianos” pulula en mi cabeza. Quizá sea culpa de mi padre que se empeña en que siempre recordemos que hay que disfrutar de todos los momentos de la vida. En fin, que yo aún no soy tratada como señora, pero sí soy consciente de que hace tiempo que dejé de ser niña, y la verdad, no me gusta nada la idea. Yo siempre he sido del club del país de Nunca Jamás 😉

    Pero bueno, cada etapa tiene sus cosas buenas y sus cosas malas, todo depende del partido ue consigas sacarle, Así que, a estrujar el tiempo se ha dicho!!

    Mil besos

    P.D.: Te sigo 😉

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