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De cultura, educación y corazón…

abril 13, 2011

Hace un par de semanas os hablaba de glamour. O más concretamente, de la falta de él. Hoy va a ser al revés. En este post creo que voy a rezumarlo por los cuatro costados.
¿Por qué? Pues porque como todos los años, estamos participando en la XXI Feria de Almoneda, Arte y Coleccionismo en el Recinto Ferial de Ifema en Madrid.

Es uno de los acontecimientos más importantes del año en el sector del arte y las antigüedades. El stand te cuesta lo mismo que seis mensualidades de la hipoteca (lo siento, es mi unidad de medida a la hora de pagar algo), y los visitantes se supone que aportan el glamour. Marichalares, marquesas, biencasadas con ropa cara que se divierten vendiendo o comprando, ilustres en general y algunos mezquinos en particular pululan por allí como Pedro por su casa durante los 9 días que dura el evento. El año pasado este personaje pasaba las tardes en el stand de un amigo suyo, al lado del nuestro, sentado en un sofá Chester que valía más que un coche. La pena es que dejó su vehículo en casa. Las risas hubieran sido míticas. Si mi oreja parabólica hablara… ¡ardería Troya de nuevo!

Si no vendes esos días estás muerto. Te has comido el resto del año.

El sábado pasado empezamos.

Y allí estuve, todo el fin de semana. Volveré el próximo finde, entre semana es el pobre M. el que se come el marrón (y a las marquesas con patatas, es una supermáquina de las ventas…).

Precisamente, después de estos dos días cuajados de supuesto glamour, para los que me pinté hasta el ojo (bueno, en realidad me pinté los dos), y después de volver a mi realidad rural, es cuando puedo analizar fríamente lo allí vivido. Y os lo quiero contar.

Pero debo retroceder un poco. Todo esto comienza meses antes, cuando empiezas a comprar con vistas al evento. Viajas, localizas piezas, normalmente sin restaurar y muy sucias además. De viaje y trabajando para dejarlas perfectas es en donde he estado últimamente. Así que he tenido un poco abandonadas a mis gastrojoyas. Pero la ocasión lo merece…

Y toca restaurar. Te pones a limpiar bronces…

A limpiar madera…

A preparar mercancía, a documentarte, a marcar,

etiquetar, embalar, y a esperar…

Dos días antes. Siete de abril…

Toca montar el stand. Mañana un comité de expertos valora la antigüedad de las piezas (deben tener un mínimo de cincuenta años). Un punto rojo las descataloga. Nunca los vi en mi puesto (no es por nada).

El día ha llegado. Nueve de abril.

Como he dicho, ojo pintado, modelito de profesional chic a la par que eficiente (jijiji, si esta no soy yo…) y alhajas colocadas. Siempre conviene desempolvar algún colgante art decó, unos pendientes isabelinos o una leontina del XIX y colocártelo (no todo junto, aclaro por si acaso…).

Puro marketing. El resto del año acumulan el polvo que le acabas de quitar y duermen en mi “caja de los tesoros”.

Pero es importante parecer lo que no eres (¡qué cinismo!): una finolis amante de las antigüedades (esto último es verdad) que habitualmente se pone joyas hasta para comprar pan (bueno…, ellas no compran pan, en realidad no compran nada con un precio que una Visa no pueda). ¡Si supieran que en realidad soy un clon (de mi misma)…!

Pero si no lo haces, te expones a ser observada desde varios metros de altura sobre tu cabeza, y eso a la hora de vender dificulta mucho las cosas, eres pequeñita y te pisan.

Incluso alguna te cuenta lo difícil que es encontrar personal de servicio nacional (¿yo te sirvo? Jijiji). Como si tu también tuvieras ese ¿problema?.

Vamos…, una ficción.

Lo que no es ficción es lo que ofreces, auténticas reliquias del pasado, y lo que explicas de las piezas en cuestión. Te has documentado, y cuentas la verdad. Nos gusta mucho este trabajo. Eso tampoco es ficción.

Esto que explico solo cuenta para los verdaderos almonedistas (o sea, nosotros y unos pocos más). Los que coincidimos en todo tipo de ferias (grandes, pequeñas, aquí, allá), todo el año, en todas partes. No solo aquí.

Entremedias se nos meten “ilustres decoradores” (dicho sin acritud, que yo también lo fui, aunque no ilustre, dios nos libre…), galeristas y pijerios varios que solo se relacionan entre ellos y venden a sus iguales (o sea, a algunos descerebrados llenos de billetes). Aprovechan el tirón de la Almoneda para colocar sus cosas con sus correspondientes precios astronómicos. A la mayoría lo que les gusta es un buen margen de beneficio en cada pieza, y no la acarician al lustrarla, la compran tal cual, sin buscar y sin imaginar historias sobre ellas. La venden como si fuera carne (pero de Kobe). En fin, son poco románticos. Y en eso reconozco que son más listos. Me basta con comparar nuestros coches aparcados a la par.

Puedo parecer una borde, pero tengo mis motivos para llamarles descerebrados (no a todos…, aclaro, odio generalizar, pero sí a muchos). El domingo fui testigo de una venta en un stand coronado por un cartel con apellidos muy largos. Vendió una tumbona del XIX hecha un asco por ¡casi mil eurazos! a una incauta que se fue encantada con ella. Las he visto en mercadillos franceses en mejores condiciones y por cincuenta euros. Pero estoy segura de que si la hubiera tenido yo a la venta por una quinta parte de ese precio, ¡no me la hubiera comprado!. Les resulta fantástico (como suelen decir, no creáis que me he contagiado) gastar mucho en sitios con carteles largos.

¡Que bien queda cuando lo cuentan! ¡Queda fenomenal! ¡Queda baaárbaro!

¡Tontolaba! ¡Que te han timado! ¡Y encima te ríes! ¡Y le besas al despedirte!


Son las mismas panolis a las que los muebles no les parecen bonitos, o útiles, no, a ellas los muebles ¡les divierten!. (¿?)

Muchas veces oyes: “¡como me divierte esta silla!”.

Imagino su vida si resulta que una silla les hace reír. Un asco.

A nosotros, las que nos divierten son ellas. ¡Menudas risas nos echamos!

(lo que hay que oír…)

En estos sitios todo resulta excesivo, hasta los maceteros son grandes…

Enormes reliquias de piedra para enormes jardines (¿¿pero han desguazado el Pazo de Meirás??? ¿y yo sin saberlo?)…

También el precio del dudoso menú que ofrecen es grande… ¡unos enormes veintidós euros! ¡y con esa pinta!. Bendito chorizo de León de mi amiga C. que reposa entre pan y pan bajo la mesa, me lo como fuera y de paso me da el aire.

Pero veo también cosas pequeñas. Pequeños son algunos trepas que suben peldaños,

escalan con engaños y venden humo a ciegos forrados.

Pequeños no, enanos…

Veo a un conocido, bastante favorecido…

Veo a mipatatacorazón en este cajón…

… y corazones en unos naipes…

… y más corazones, en un cartel con mucha piel…

… y a un artista que me sigue la pista…

Francisco Retamero

… y a la Reina de Corazones de esta fortaleza,

ahí puesta, juzgando con dureza…

Y hablando de corazones, esta Reina está molesta…

Os contaré…

El domingo se celebraban las elecciones de Perú en un pabellón cercano (no preocuparos, no divago, la explicación más abajo…). De manera que todos los peruanos de Madrid y alrededores se habían dado cita allí para votar. Una riada de trabajadores andinos en familia que ataviados con sus mejores galas recorrían los alrededores de nuestro pabellón, por supuesto sin entrar en él (hay que pagar ocho euros). Sonrientes, alegres y dicharacheros.

He de confesar que al llegar a primera hora de la mañana, flipé al verles (¿¿tanto han cambiado los clientes de todos los años?? ¿dónde están sus Mercedes?…).

Pero también confieso que envidié la actitud masiva. A tantos miles de kilómetros, orgullosos de su origen, votaban, reían y se encontraban unos con otros.

Miles de sonrisas.

Disfrutaban de ser tantos y de estar allí. Y se habían arreglado para la ocasión. Sin necesidad de alhajas ni oropeles. Solo brillaban los zapatos de charol de muchas niñas. Así y todo, resplandecían y reían.

Pues bien, lo que ha molestado a la Reina de Corazones (la menda lerenda), no ha sido algo que ha visto, ha sido algo que ha oído (obsérvese que hablo en tercera persona, como corresponde a mi rango).

Así que no tengo foto y os lo tengo que contar:

Durante todo el día escuché a bastantes “ilustres de esos” quejarse de su presencia allí. Arrugaban la nariz. Les molestaban a las puertas de su templo del glamour. No podían pasar, ni desplegar correctamente su envolvente halo de poder (por lo visto lo llevan plegado a la espalda para caber en sus cochazos). Había poco sitio, les rozaban al pasar y su halo ocupa mucho sitio.

Esta semana ha empezado también por allí el Salón del Gourmet (por cierto, mañana iré de visita con mis gastrojoyas, ya os contaré…).

Estoy segura que rozarse con ese otro publico no les va a doler tanto (y no quiero ser malpensada).

Se ve que para algunos tipejos resultan aceptables llevando una cofia en la cocina de su casa, pero vestidos de domingo e interfiriendo en su paso por la alfombra roja, molestan (lo de la alfombra roja es verídico, no es exageración). Vaya panorama…

¡MAL! ¡MUY MAL! Como Reina (autoproclamada, lo reconozco),

los despojo de todo su glamour y los relego a la sección animal.

La de los esqueletos del pasado (cuarenta mil euros del ala, jijiji),

para algún rico hortera de bolera…

La de los animales muertos y paquidermos de otros tiempos…

La del líder de rabiosos animales salvajes…

Entremedias los coloco.

¡A ver si espabilan un poco!

Así que una vez despojados de elegancia,

inteligencia, corazón y sapiencia…

¡A galeras los condeno!

¡A servir! ¡A trabajar! ¡A malvivir!

¡A ver si una silla los hace reír!

Y dicho esto, también digo que han perdido el duelo.

El glamour de todo este invento lo dan las piezas del pasado, no lo dan ellos.

La elegancia cambia de manos, por decreto.

A mi me la muestra el Art Decó…

O Sissi Emperatriz (que además no arruga la nariz)…

O mi adorada Tamara de Lempicka…

O unos libros de otros siglos…

Educación y cultura al fin y al cabo.

Pienso que en muchos no ha calado,

y eso que dicen que la han mamado.

Sin cultura, sin educación y sin corazón.

Bonita combinación…

¡A galeras!

¡Y a bajar escaleras!

¡Atrapadlos!


He dicho.

P.D. Ya os contaré como acaba la Feria, igual me acaban quemando entre todos en una pira funeraria (del XVI, eso si), por infiltrada.

Pero es que… ¡Estoy harta de tanta chorrada!


15 comentarios leave one →
  1. Loren "el asiduo" permalink
    abril 13, 2011 11:56 am

    Me gusta, Me gusta y Me gusta. Me imagino el ambiente perfectamente.
    De todos modos, que sepas, que los Peruanos no conocen el derecho a voto, sino la obligación. Así que esa actitud masiva, de compromiso con su País, podía venir de la multa a la que se enfrentan, si no votan.
    Ah, y te deseo que vendas mucho, pero mucho, mucho.
    PD: tu tienes un apellido bien largo, porque no lo pones, en un cartel bien grande, y que se jodan y paguen el doble por esas cosas que les hacen tanta gracia…

    • abril 13, 2011 12:13 pm

      Ay Loren… cuanta sabiduría la tuya… y yo con tanto ajetreo y sin leer periodicos ultimamente. Me confirmo como la última romántica al presuponer todas las elecciones libres. De todas maneras flipo aún más con la alegría que llevaban en el cuerpo…

      • abril 13, 2011 12:19 pm

        Y lo del apellido largo, nosotros lo que queremos es vender, para poder COMPRAR (el mayor placer de todos, los descubrimientos…). Y eso solo se consigue con buenos precios. Y al lado de todos estos, no es dificil.
        Un vicio como otro cualquiera, rastrear a la caza de alguna joya antigua. Jijiji

      • Loren "el asiduo" permalink
        abril 13, 2011 12:40 pm

        Hombre, una cosa no quita la otra, me sigue pareciendo romántica la idea de verles a todos juntos, con sus mejores galas, yendo a votar.
        Y de sabiduría nada, tengo un amigo Peruano, nacionalizado Estadounidense, casado con una Alemana, que vive en Donosti, él me lo contó hace años y mi memoria selectiva me lo guardo en no recuerdo que hemisferio del cerebro.

  2. abril 13, 2011 12:22 pm

    Se me olvidaba… fijate que poco aprovecho el apellido compuesto, que cuando tuvimos la tienda se llamaba “Delaño Lapera” (y el logotipo era una pera). Apropiado para vender cosas delaño lapera ¿no?

  3. abril 13, 2011 4:39 pm

    Me ha gustado mucho. ¡Qué verdades dices!, la gente es muy snob. A mí me das envidia porque me encantaría saber restaurar, pero para saber restaurar tienes que saber y yo no se, ni me atrevo a comprar una antiguedad. Si algún dia compro, te llamaré para que me ayudes, y así te vuelvas a pintar el ojo….jijiji……
    Mi niña se inspiró en las pinturas de Tamara para unos vestidos de Madeleine Vionnet……el proyecto de aquel mes fué precioso……al final como bien dices, todo es cuestión de cultura pero sobre todo de educación Leti, la educación para ir a cualquier parte es fundamental. Como siempre, impresionante……
    Un beso guapa.

    ¡POR CIERTO!, Gracias a Loren hoy me voy a la cama con un poco más de información, no sabía que si los Peruanos no votan se enfrentan a una multa…….¿ves?, si al final, un blog también es cultura general.

    ¿Es verdad que mis contestaciones son las mas largas?
    ¡Qué desastre!

    • abril 13, 2011 6:14 pm

      Tus contestaciones son las más largas, pero peor es lo mio que me autocontesto muchas veces.
      Conclusión: La educación por si sola ya es cultura, no hace falta mucho más, tener conocimientos es otra cosa bien distinta. (Jijiji, Platón-Corazón)
      Besitos superdiosa. ¡Que vivan tus parrafadas!

  4. ASUN permalink
    abril 13, 2011 8:23 pm

    Hola guapa, como siempre enhorabuena!!!!

    Leo todos tus artículos, te he enviado algunos comentarios ,pero como soy muy torpe conla tecnología nosé si te llegan.

    Ya me he acordado de vosotros y de la feria de la almoneda, estaba segura que vendríais.

    Como más veces me ha pasado se me rompió el movil y perdí los contactos.!!! ( entre ellos vosotros)

    Os tengo siempre en mi corazón.

    Tú como siempre tan sarcástica….Me encanta.Como dice mi hija podrías dedicarte a escribir. ¿No te lo has planteado?

    Besos fuertes para los tres.

    No me piedo uno de tus comentarios, no dejes de enviarlos!!!

    Un fuerte abrazo

    Asun.

  5. susana permalink
    abril 14, 2011 8:16 am

    Una gozaga leerte y si encima el texto va acompañado de unas fotos tan ilustrativas, pues me haces pasar un rato super agradable.
    Tengo un broche como los que aparecen en un cajón,que nos regaló mi hermano Loren a todas las chicas de la familia en Reyes y no me lo quito, me encanta.
    Espero que vendas un montón porque haces maravillas con los muebles.

    Besos

    Susana

  6. Juan de Elche permalink
    abril 14, 2011 3:06 pm

    Me gustan mucho más estos post en los que se te ven las pilas cargadas, esos “otros” post que escribes algunas veces me dejan preocupado. Que vendáis mucho, y podáis comprar todo lo que merezca la pena. Gracias, y un saludo.

    • abril 14, 2011 3:22 pm

      Ay Juan! Es que me temo que a veces soy un poco bipolar: arriba….abajo…
      Pero tu no te preocupes, que puedo con todo. Gracias.

  7. abril 14, 2011 7:05 pm

    Hello Leticia, no sé muy bien que comentarte… me da envidia ese mundillo, ese ajetreo, esas horteradas de algunos… y tus cosas preciosas… Que suerte esas manos que restauran y crean joyas!!
    Me gustaría visitar Peru, tiene que ser precioso y a ti?
    Mucha suerte en la feria y a por todas, me encanta tu blog!
    Bye

  8. abril 20, 2011 10:24 am

    La restauracion de la pequena comoda para joyas es espectacular! :D, dices la verdad aunque le duela a algunos,pero continua! pues es gente como tu que se necesita ;),me encantan las antiguedades y todo lo demas ,creo ,para mi son cosas que de verdad fueron creadas desde la imaginacion no copias como es todo ahora

    buen dia! 🙂

  9. ana permalink
    junio 14, 2011 6:27 pm

    ole,ole y ole por tí y por m.como tú le llamas aquí(jaja me ha salido una rima sin querer) a jose y a mí nos dejasteis flipando sois unos artistas y unos valientes.llevo un colgante gastronómico puesto en el escote desde que estuvo m. el domingo en asturias.nos dió tu drección de mi patata corazón y aquí estoy enganchada desde entonces,enhorabuena leti,me alegro un montón de verte tan bien y tan creativa.besos desde oviedo y a ver si os dejais ver pronto por aquí.besooos

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