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¡Ay madre!

junio 15, 2011

Nunca me imaginé como madre de nadie. Ni siquiera lo deseé con ansiedad (ni sin ella). Ni falta que hacía. Bastante tenia con cuidar de mi misma.

Sabía que los niños existían. Los veía por la calle, y con eso tenía suficiente. Bueno, con eso y con la mirada de ojos asesinos que les regalaba cuando me tiraban arena en la playa.

Los integrantes del grupo “Los que te sueltan en cuanto pueden que un matrimonio sin hijos es como un jardín sin flores” pensarán que la que habla es una egoísta. Y no es verdad (¿o si…?).

Hasta que irrumpió M. en nuestra vida, precisamente eso, nuestra vida, era otra.

Ni mejor ni peor, diferente.

 

Mi otra M. y yo pasamos muchos años como jinetes solitarios, lo que nos permitió poner los caballos al galope (jijiji, es un símil, prefiero los aviones…).

Durante esa época, observé sorprendida (y ciertamente ojiplática) como algunas personas pasaron de la insistente pregunta de ¿Los niños, para cuando…? al silencio y a la piadosa mirada que gritaba Míralos, pobres, seguramente no pueden…  (jijiji, reía yo internamente, camino de alguna ola para zambullirme…)

Quizás eran otros tiempos, hace más de quince años de todo eso.

Se que hay personas que desean con toda su alma un hijo y lo añoran desde que tienen memoria. Y que no lo consiguen. Para ellos, todo mi corazón…

Para todos los demás, esta era mi razón…

A un hijo, hasta que no lo conoces no lo añoras cuando no está y no lo amas porque no lo sientes (¿un poco raro? quizá, pero es que yo soy rara…).

Estábamos demasiado entretenidos en disfrutar y saborear como para pensar en procrear y claudicar. ÉRAMOS LIBRES. Y aunque usábamos mucho nuestra libertad, nunca se gastaba.

M. aterrizó en nuestra organizada desorganización como un tornado en Ohio.

A lo bestia.

 

Lo recibimos a portagayola y nunca más volvimos a ser libres.

Amarró nuestros corazones al suyo y desde ese día sus latidos marcaron el ritmo de los nuestros. El ritmo de todo lo demás también lo marcó él. Y el Baile de San Vito que precedía a cualquier salida de casa cargados de mudas y termos, también llevaba el ritmo del Heredero Hipotecario.

 

Como se podrá suponer, los amigos de nuestro alrededor hacía mil años que tenían a sus propios herederos. Sentía la mirada envidiosa de muchas amigas cuando en la playa podía tomar el sol con los ojos cerrados, o cuando leía en una hamaca al atardecer y me llamaban para contarme que estaban pensando en suicidarse metiendo la cabeza en la lavadora (¡ay no! que está llena de ropa sucia…).

¿Cocinar por la mañana? Eso qué es!!! ¡Que asco! pensaba yo… (Ilusa de mi…).

Con mi lengua ¿viperina? mucho me reí de ellas y de sus conversaciones dignas de reportajes en el Ser Padres (que nunca he comprado en un acto de rebeldía, tiendo a ser autodidacta y así me va…).

En esa época, las conversaciones masculinas me atraparon (jijiji, son sabios, nunca hablan de pañales). Desde entonces siento una especial empatía por ese género. No dudan en hablar del precio del gasoil aunque tengan al niño con cuarenta de fiebre. Su mente es libre, ¿o será el famoso síndrome que les impide pensar en dos cosas a la vez? (jijiji, una maldad gratuita para compensar la balanza).

El caso es que admiro su capacidad para mantener los pensamientos en compartimentos estancos dentro del cerebro. Sin que una fiebre, un suspenso o una mirada triste irrumpan en su mente mientras repostan gasolina (por poner un ejemplo).

Aunque siempre he odiado los corrillos de madres que hablan de tallas de pañales, del gluten o de las cremas de Avent, comprendí que había entrado en ese club el día que me sorprendí partiendo pellizquitos de un sándwich de jamón york y embutiéndolos en la boca de un desganado M.

Fue una revelación. Y un gran susto (jijiji).

 

Ese simple gesto, que tantas dianas para mis dardos me había proporcionado, se revolvió contra mi y me dio en toda la cara.

Comprendí que era una de ellas: Una Madre Pesada (como debe ser).

Decir Madre Pesada es como decir Puño Cerrado. Sobra el adjetivo.

Los “ponte el jersey, coge un paraguas, acábalo todo, haz los deberes, búscalo tú, ¡ven aquí ahora mismo! y NO (un NO de boca grande y de mirada glacial que adquirió todo su esplendor con la llegada de M.)” se han convertido en las frases estrella de mi día a día.

Así y todo, creo que he conseguido algo difícil: ser menos pesada de lo habitual en estos casos. Soy la facción escindida de la genuinas Madres Pesadas. Soy una Madre Pesada, pero poco.

No me importa que se manche jugando, es más, le animo a ello (¿¿Para qué están las lavadoras??).

 

No intervengo en sus disputas infantiles. Que se apañe.

 

No le quiero tener pegado a mi constantemente. Observo desde la distancia y le animo a tomar sus propias decisiones.

 

¡Le dejo que desayune solo un cola cao! (la anti-madre…, ya sabéis que soy anti-todo). Pero es que tengo tan presentes en mi mente mis arcadas infantiles con ese asunto, que no tengo legitimidad moral para hacérselo a él.

Y no sigo, que lo mismo viene el Tribunal de Menores y me retira la custodia por incumplir mis obligaciones de Madre Pesada comme il faut”.

(En francés en tu honor mamá, jijiji, francesa de ascendencia y educación, a las Rotondas les llama Rondpoint … ¡Frena! ¡Que hay un rondpoint! Jijiji… Madre Pesada en acción actuando de copiloto…)

Ya han pasado casi diez años desde el cambio de estatus. Nunca más he conseguido dejar mi mente en pensamiento cero, aunque esté lejos de él. Siempre irrumpe para hacerme dudar de si metí sus zapatillas cómodas en la bolsa o si habrá salido bien el examen de flauta (por cierto, ¿es una tortura pensada en venganza por ser tan pesadas? ¿no podrían dar clases de mímica? ¿lenguaje para sordos quizás?, me parece mucho más práctico).

Aunque ya formo parte de ese club, nunca se me ha ocurrido martirizar a nadie con el asunto de tener niños. Mis pensamientos al respecto son muy particulares, y el tema muy personal.

Creo que sin ellos se puede tener una vida maravillosa, plena, satisfecha y sobre todo cómoda. Nosotros la tuvimos.

Pero también tengo la certeza de que una vez llegados, te atrapan, te hacen suyos y ya no concibes la vida sin ellos (y los muy jetas lo saben, y actúan en consecuencia).

Nunca creí a nadie egoísta por no tener niños. Aunque suene raro, es un argumento muy recurrente del gremio de los Somos felices con muchos hijos, pobre de ti si no haces lo mismo, de viejos nadie os va a cuidar... (gremio de egoístas…, yo no quiero un hijo para que me cuide… ya me apañaré, como siempre…)

Egoísmo es tenerlos sin pensar. Porque si. Porque toca. Sin tener la más mínima intención de dedicar la mayor parte del tiempo a su educación, a su bienestar y a quererles. Conozco a much@s que no merecerían tener ni un perro. Egoístas que procrean por tradición y sueltan niños al mundo únicamente alimentados y vestidos (en el mejor de los casos). A ver quién arregla luego el desaguisado…

Soy consciente de que no puedo quejarme. En nuestro caso, al margen de las dificultades propias del cargo, el mandato está resultando relativamente fácil.

M. es un niño maduro, estudioso, disciplinado, ocurrente, muy imaginativo (menudas risas nos regala…) y respetuoso (¡Importante!, aún recuerdo la arena que aquellos monstruos lanzaban y la cara de póker de sus padres). Espero que no cambie…

Es un niño feliz que nos contagia a nosotros. Y que además me ha reconciliado con sus congéneres, veo a los niños con otros ojos…

Nunca ha montado un pollo, ni ha organizado un desastre. Así que reconozco que no nos lo ha puesto difícil. Hasta tuvo el detalle de nacer en menos de una hora.

Nos tiene enganchados y poseídos a la vez. Nunca tuvimos nada mejor, pero eso lo se ahora que lo he conocido. Antes no lo sabia y en consecuencia no lo añoraba.

Pero el gran mérito de toda esta aventura ha sido un enorme descubrimiento.

Cuando tienes un hijo, imaginas lo que vas a sentir por él.

Lo que no imaginas es el grado de comprensión que vas a sentir por tus propios padres.

Cuando te arrolla ese amor que sientes por tu hijo, comprendes de golpe que NADIE va a quererte nunca como lo hacen ellos. Gratis. Porque si. Sin condiciones. Sin necesidad de alimentar ningún amor. Ese amor no tiene hambre. Existe para siempre, aunque no coma.

Y te das cuenta de que esa Madre Pesada que tanto sufriste en propias carnes, vive dentro de ti y te ha sustituido. Ha tomado el relevo. Y que la rueda gira y gira…

Y que el día que lleguen los hijos de tus hijos, estos por fin comprenderán que “el jersey hacía falta, que al final llovió, que las proteínas son importantes, que los estudios aún más, que lo que buscan está en el sitio de siempre, que cuando te hace venir alguien que te quiere es por algo y que oir muchas veces NO, es fundamental”

La vida es otra, no es muy frecuente que te digan SI, y a base de golpearte contra la pared es como consigues agujerearla y atravesarla. Nada más, y nada menos.

Y para eso está el “Glorioso Ejército de las Madres Pesadas”, para gritar bien fuerte:

¡Ponte el casco! ¡A ver si te vas a hacer daño con la pared!

Jijiji…

 

P.D. Y yo…, ¿por qué os cuento todo esto si lo que tengo que hacer es vender gastrojoyas?

… Hale, a mirarlas aquí, que me lo merezco por no dar la brasa con ellas.

 

¡Ay madre!…otro post divagando…

 

29 comentarios leave one →
  1. junio 15, 2011 8:30 am

    Pero que bueno Leticia, que maravilla. Y todo esto para vender gastrojoyas? Jijijiji
    Me ha gustado mucho, sabes que estoy totalmente de acuerdo en todo.
    Que suerte tengo de ser hombre!!! Esto si que es una lotería.

    • junio 15, 2011 9:01 am

      ¿Que te voy a contar que tu no sepas si hablamos de niños…? Más que por ser hombre, tienes suerte por haber salido favorecido en la loteria del reparto de neuronas masculinas… ¡Tienes más de tres! (la media habitual) jijiji

      • junio 15, 2011 6:41 pm

        Mas de tres? Que exagerada, no me asustes. Yo siempre he usado media y me basta. Tres, que iba a hacer yo con tanta neurona.

    • junio 15, 2011 9:38 pm

      Me has convencido, Maripatata. Mándame un colgante joyoso de estos que tu M. se queda mirando.

      Un poco pesada y muchas cosas más que no me apetece explicar ahora. Pero del todo del todo mal no debo de hacerlo porque creo que me quieren con locura mis M. y A.

  2. Alicia permalink
    junio 15, 2011 8:46 am

    Dios, me has dejado boquiabierta. Algún día hablaré contigo de este tema, si tú quieres. Creo que he encontrado a alguien que piensa como yo en este tema, y es un consuelo. Me encanta lo que escribes, casi tanto o más que lo que vendes. Un besazo

    • junio 15, 2011 8:58 am

      Alicia… ¡Yo siempre quiero hablar de todos los temas!… jijiji, no me callo nada… Consuelate a gusto, creo que somos muchos los que pensamos asi. Besos y ¡gracias!

  3. junio 15, 2011 8:57 am

    Impresionante…

  4. junio 15, 2011 9:11 am

    ¡¡Muy bueno Tati! Ya hemos hablado de este tema y sabes que opino igual. La última vez que me llamaron egoísta por no haber tenido hijos fue hace un mes, un hombre, concretamente. Yo nunca he deseado tener hijos y como tu bien dices como no los conozco no los extraño. ¡Y estoy muy contenta de no haberlos tenido! cuando comento esto la mayoría me mira con una cara que ya te puedes imaginar (y me da exactamente igual lo que piensen)… eso si, si hubiera tenido un hijo fijo que sería una “madre pesada”, FIJO, y estaría encantada, CLARO.

  5. junio 15, 2011 9:35 am

    Noooo…., no estás sola y lo has plasmado a la perfección y mira, aun tengo cara de jili cuando miro años atras una niñata decia que nunca jamas tendría hijos y aquí estoy con la baba colgando e intentando luchar por ser cada día menos plasta, con un hojo que no calla un momento ( y que no calle pq entonces me preocupo). Ahora la preguntita es ¿para cuando el segundo? son unas alimañas siempre quieren más. Yo ya he cumplido pq me siento feliz y le veo feliz que es lo que más me importa.
    firma una madre un “poco” pesada . muxus

  6. Lorea C. G. permalink
    junio 15, 2011 10:09 am

    No lo podría haber expresado mejor. Coincido en todo menos en la edad del niño, el mío tiene 3.
    Precioso artículo.

    L.

  7. Juan de Elche permalink
    junio 15, 2011 10:39 am

    Chapeau!!!

  8. junio 15, 2011 12:07 pm

    grande! vivan las emes!

  9. junio 15, 2011 1:24 pm

    Me ha encantado este post, yo también tengo un blog, bastante más humilde, y no tan ingenioso, tan cuidado…tan….! Me he sentido muy identificada con él, además, porque yo también tengo una hija de diez años, a la que también me gustaría dedicar un post, tan bonito como el tuyo. Un saludo.

  10. MANUEL GOMEZ BLANCO permalink
    junio 15, 2011 1:27 pm

    TOTALMENTE DE ACUERDO.

  11. Lorena permalink
    junio 15, 2011 1:47 pm

    He llegado a este blog de rebote por un twitter de tu hermano David del que soy fiel seguidora. Emociona leer unas palabras tan llenas de amor y coherencia, unas palabras relajadas y sinceras que nos recuerdan que hay diferentes maneras de vivir la vida y que todas son legítimas. Me quito el sombrero por tu honestidad y agradezco la naturalidad con la que lo haces.

  12. junio 15, 2011 4:27 pm

    Ay nono….porque de vez en cuando hay que cambiar de tercio y hacer llorar a la gente con un post como este……..las gastrojoyas ya te las compramos…..pero qué identificada me he visto, yo también tardé en tenerlos, lo que pasa es que yo empecé mas joven que tu. Yo además de pesada, soy controladora, tengo miedo de seguir controlando siempre, creo que no debo, y creo que tengo una frase mas que tu, bueno digamos que la he tenido, ahora ya no la uso tanto la “Por si acaso”.
    Bueno guapa….¡qué te voy a decir yo a tí!…..que tu y yo tenemos mil horas pendientes de “terapia”.
    Un besazo
    Marialuisa

  13. MIREN permalink
    junio 15, 2011 7:31 pm

    Muy bonito el post, yo siempre desee con locura tener niños, queria tres… tengo dos y ahora digo…Uf! menos mal que no tuve tres….
    Les adoras, sufres con ellos, pero a veces nos machacan vivas…. Y llega un momento en la vida que ellos necesitan su espacio y tu el tuyo….
    En fin!, respeto a las parejas que no quieren tenerlos, tengo muchas amigas que no tienen, pero si es verdad, que esa amigas son mas egoistas que nosotras, las madres, y mas “carcas”….
    Bueno chica, que me ha gustado
    Un beso

    • junio 15, 2011 8:22 pm

      Serán tus amigas. Yo de egoista y de carca tengo muy poco. Un beso

      • junio 16, 2011 8:46 am

        Jijiji, eso Sonia, contraataca… ¡Que vivan las madres de su propia vida y sin hijos!

  14. Ester permalink
    junio 15, 2011 7:52 pm

    Conmovedor…y bien escrito :-). Yo tuve a Libertad hace 20 años, cuando ya tenía 30… Y tuve sentimientos parecidos. Ahora la miro, tan alta como yo ¡que ya es decir!, y me sorprendo de verla hecha una mujer, je,je, y me hace vieja. No quiero extenderme pero es un post estupendo. Gracias por escribirlo.

  15. Vikika Desan permalink
    junio 15, 2011 9:02 pm

    Merci beaucoup ma belle!!
    solo te ha faltado decir lo SUPER-RAPIDO que pasa el tiempo a partir de que pares a tu hijo….o no?
    por lo demás fantástico, la verdad. Je suis absolumment d’accord avec toi LdJE 🙂
    Bisous!!!

  16. junio 15, 2011 9:39 pm

    Me ha encantadoooooooooo ……. Yo tengo mellizos de 11 años , casi ná….!!!!
    En esos momentos de “alta tensión” que no sabes si gritar, llorar o ponerte a reir con ellos ….. me he preguntado qué seria de mi vida si no se hubiesen instalado en ella.
    Indiscutíblemente diferente, seguramente más tranquila , pero sin ningún tipo de duda, más vacía …… Son lo mejor que me ha pasado !!!!!!!

  17. junio 15, 2011 10:55 pm

    Hi Leticia, con niños o sin niños, seguimos siendo nosotras mismas y nuestras circunstancias…cuanta razón tienes en todo lo que dices, yo quiero mucho a mis amigas sin niños y me lo sigo pasando muy bien con ellas, cuesta pero hay que desconectarse un poco de los hijos, creo que aunque son tuyos, son del mundo….en fin un beso de una madre bastante bastante pesada.

  18. evabas permalink
    junio 16, 2011 1:29 pm

    Jope, qué identificada me siento Tati, se me saltaron las lágrimas y todo. Un beso hernosa.

  19. junio 16, 2011 1:53 pm

    He visto tu comentario en mi blog. Y he pasado a ver tu web. Yo no tengo hijos, y me alegra encontrar a alguien que ha pasado una etapa en la que sentías que no te hacía falta y me alegra saber que si algún día nos decidimos, hay alguien que piensa como yo.

    Me ha encantado tu post y las joyitas que haces son preciosas!! dan ganas de comérselas más que de llevarlas, jejeje!!

    Un saludo. Cuídate mucho.

  20. CELIA permalink
    junio 17, 2011 7:43 am

    Absolutamente identificada con todo lo que dices de esa manera tan preciosa como tú sabes contarlo!!!
    Yo tampoco sentía ( en aquellos tiempos…) esa instinto maternal acuciante, hoy sigo entendiendo a quien toma la opción de de no tener hijos, pero ahora no imagino mi vida sin ella, mi M., mi joya primera y única desde hace 30 años, durante los que he intentado ser lo menos pesada posible, aunque a veces sea inevitable….Ahora que me va a hacer abuela me pienso descargar de la etiqueta, porque la pesada será ella, y yo me dedicaré al placer de disfrutar, corregido y aumentado!!! Al menos eso es lo que dicen de las abuelas, espero comprobarlo en carne propia…
    Muchas gracias de nuevo por el placer que nos ofrecen tus pensamientos y sentimientos compartidos.
    ¡¡¡¡Vivan las M. !!!!!

  21. agosto 10, 2011 1:32 pm

    IMPRESIONANTEMENTE BUENO!!!!….Muchas gracias Leticia por poner palabras a mis pensamientos….la leche!!, según lo iba leyendo me veia más y más reflejada en tus palabras…yo dejé de ser una orgullosa mujer sin hijos hace 6 años para convertirme en una “jope!!, que pesada eres MAMÁ”….
    Y A MUCHA HONRA!!!….ja ja ja ….mi cesarea por 4kg 700gr me costo…ja ja ja ja

    Un beso Leticia! me encanta tu blog, tus gastrojoyas y tu reinado de corazones…ahora simpre que vea uno me acordaré de ti…
    Joder!! ya tengo un nuevo trabajo…fotrografiar corazones….en fin!!, si me aceptas, me quedo de seguidora….

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