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¡Por fin!

agosto 30, 2011

Esta semana promete…

¡Por fin! Empieza mi esperado Año Nuevo.

Y aunque sea una rara-pelín-excéntrica, tiene su explicación…

Hace un par de meses os contaba lo que para mi supone el verano, ese derroche de sudorosas sensaciones y aventuras que se desarrollan en alguna piscifactoría (léase piscina) de la Sierra Oeste.

 

El espléndido verano de la Reina de Corazones,

piscina, playa y tocada de c.j.nes

 

(Que horror, empiezo el año a lo Mario Vaquerizo, hecha una excéntrica, una rara y encima ordinaria, si ya lo he avisado…)

 

Pero algo está cambiando, desde hace días veo con satisfacción claras señales del final del verano (jijiji, padezco un Bodbón, el del odgullo y la satisfacción…)

Los anuncios que hablan de la vuelta al cole ya han golpeado a M. en toda la cara (y la moral). No va a volver a encontrarse con sus amigos del cole, el gran recurso a la hora de proporcionar argumentos convincentes. Esto es tan enano que lleva casi todo el verano bañándose y chutando con ellos. Así que nosotros estamos sin argumentos y él sin consuelo.

Las hojas secas de la glicina invaden la casa cada vez que abrimos las puertas para hacer corriente.

¡Por fin! Tengo que exprimir los tubos de crema solar para conseguir un chorrito decente.

Descubro horrorizada que a M. no le cabe ningún jersey de su armario, ¿es posible no ponerse ni uno en cuatro meses y perder la perspectiva de su tamaño? Si, aquí lo es. ¡A comprar todo nuevo! ¡Jiji, que suerte tenemos…!

Miro con deseo los altillos de la casa, con las botas de nieve y los plumíferos bien guardaditos. “¡Amados míos! ¡Por fin! Se acerca el momento del reencuentro…” (jijiji, ahora parezco la sucesora de Jane Austen, tan cursi ella…)

El golpe definitivo del otoño que se avecina lo ha dado la avalancha de anuncios de coleccionables por fascículos que brotan como setas alucinógenas para tontos de remate.

Cochecitos con más piezas que un Rolex, convenientemente desmontadas y racionadas en eternas entregas.  Si llegas a la última, descubres frustrado que no cabe el cigüeñal por culpa del zapatazo que le diste para encajar aquel cilindrito que sobraba… en fin, muy entretenido, a la par que didáctico.

Más fácil resulta hacerse con una entrañable colección de orinales, “de los que usaron nuestros abuelos”, los postizos de Amy Winehouse, cilicios medievales, arañas septuagenarias del Palacio de Liria o escarabajos hermafroditas. Todo vale.

Creo que las editoriales suponen que la gente ha perdido parte del encéfalo, consumido por el calor, y en esta época bombardean con sus pelmadas coleccionables que “solo cogen polvo” (jijiji, me he convertido en mi madre… esto es un no parar de reencarnaciones…)

“Ya-que-estáis-deprimidos-poneos-a-coleccionar-lo-que-sea”,ese es el mensaje subliminal que leo yo, igual es que soy una fantasiosa… confieso… lo soy…

¡Confieso más! …Ya puesta a confesar…

¡Una vez piqué!

Hacía poco tiempo que había cambiado de categoría. De “despreocupada solo dueña de si misma” pasé a “madre novata y pardilla ansiosa por instruir”…

El cuerpo del delito fue un esqueleto humano. Ignorante de mi, debí de pensar que me lo iban a entregar en tres bloques: cabeza, tronco y extremidades.

Todas las semanas descubría alguna raquítica falange muy bien envuelta. Varios meses después había completado una mano. Ponerle dientes costó más esfuerzo y dinero que hacerle una endodoncia a Pozí. Del resto, ni comento… de milagro no te proporcionaban las células para que hicieras tú la mitosis.

A la velocidad de la luz se desarrolló todo.

Pero es que… “ya que estamos a medias… habrá que acabarlo… ¿qué hacemos sino con el esqueleto del amputado…? ¿lo enterramos debajo de un pino…?

Así que el día que ¡por fin! llegó el fémur derecho que completaba al nuevo niño de la casa (me había costado más parirlo que a M.), lo guardé en una caja y pensé que cualquier día lo montaría. Un día cualquiera cuatro años después, tardé una mañana entera en ensamblar la criatura.

Primer problema…

“¡Mamá! ¿No pensarás ponerme eso en mi habitación? Si me levanto por la noche, me muero del susto…

No me extraña, digo yo, si es mucho más alto que tú…

Al final, en una esquina recóndita se ha quedado el pobre, con su extraña sonrisa permanente de cara a la pared, no sea que un día le de por decirme algo y me tengan que ingresar. Y en esa esquina lleva un montón de tiempo, dándome muchos más problemas. Cada vez que lo muevo para aspirar debajo, pierde una mano, el brazo entero o los intestinos. Los riñones ha acabado por sujetarlos con la boca. En su sitio no encajan.

 

En invierno nos sirve de maniquí para el gorro o la bufanda, y M. cada vez que necesita saber algo de anatomía, lo consulta en Internet. Así de sencillo.

Esta supermadre en prácticas se lució con el invento.

Para colmo, echando cuentas, llegué a la conclusión de que más me hubiera valido pujar por la calavera de diamantes de Damien Hirst. Me la hubiera llevado.

Así que me prometí que NUNCA MÁS. Y he cumplido la promesa como si me fuera la vida en ello. Pero cuando veo aparecer los fascículos, con alevosía y a traición, pillando a todo el mundo con la guardia baja tras las vacaciones, los imagino como el pistoletazo de salida que inicia el éxodo de los veranefantes que tanto celebro…

EL GLORIOSO 1 DE SEPTIEMBRE, DIA DE LA LIBERACIÓN

 

¡Por fin llega la rentrée! (como dirían los García-Calvo de toda la vida…)

Esa fecha cambia más mi vida que el 1 de enero, el supuesto Año Nuevo de los “normales”

(los “raros” tipo yo, al igual que los de Bilbao, elegimos nuestro propio día de Año Nuevo, jijiji)

Es el primer paso para deslizarme hacia mi adorado otoño.

 

Aquí las estaciones se suceden unas a otras de una manera peculiar. Por K.O.

 

Pongamos que la primavera acaba de instalarse, y cuando aún está deshaciendo las maletas, llega por detrás el verano y de un empujón la lanza por la ventana y la sustituye, dejando a los pajaritos enamorados a merced de escorpiones, víboras y demás espantos autóctonos (con el calor aparecen especies que creías extinguidas desde la primera glaciación).

 

El invierno y el verano son los que más tardan en desalojar. Se acoplan y no hay quién los eche…

Pero ¡por fin! veo al verano hacer las maletas, y a los veranefantes también, lo cual es casi mejor aún.

¡Por fin! podré ir a comprar el periódico sin llamar a primera hora a C. para que me lo guarde. En verano proliferan los señores mayores madrugadores robaperiódicos que a las diez de la mañana ya se los han llevado casi todos.

Brotan a discreción en julio, en agosto parece que han aumentado de tamaño (y es verdad, llega toda su parentela de gorroneo, se ve que no hay dinero para otras alegrías) Muchos de ellos se comportan como si estuvieran en un decorado del mundo “salvaje” montado en su honor. No comprenden que los que vivimos aquí, si estamos en nuestras casas es precisamente porque no estamos de vacaciones.

Me fastidia que me despierten por las noches cuando pasean y vocean.

 

Con tanto calor acabas arracimado al borde de algún recipiente con agua. Bueno…confieso que arracimado quizá sea pasarse… esto no es Benidorm. Cinco metros para mi es “cerca”, dos metros casi agresión, así que imaginad qué es un “te rozo”…

¡A comisaría! Jijiji

 

¡¡¡Hay tres señoras haciendo cola en la caja del súper!!! ¡¡¡Inaudito!!!

En invierno, esa misma chica, ahora estresada, deja de leer su revista y te sigue con la mirada al entrar.

Normal, ya lo se, pero es que odio hacer colas, y más aún si es para pagar…

 

Si te atreves a hacer alguna excursión por el monte, en cuanto te descuidas un poco, te encuentras algún grupito alrededor de una tortilla. Generalmente capitaneado por una gorda gritona que organiza el cotarro.

Que quede claro que no tengo nada contra las gordas, de hecho una de ellas vive en mi interior.

Cuando sale, la aniquilo a base de dietas.

¡Ay! Espero que no me haya oído, tiene un genio cuando no come…

 

Son unos pelmas con sus ruidosos juguetitos.

Usan el monte cómo si fuera de ellos y desprecian el silencio, el bien más preciado que te regala este sitio…

 

También hemos tenido la suerte de pisar la playa.

 

Hemos viajado un par de veces a Hondarribia, a casa de la familia, lo que siempre es un placer

(y una orgía de riñas, todos con todos… jijiji)

Pero si estás acostumbrada a la tranquilidad, la verdad es que volver a la soledad de mi valle es un momentazo.

Por todo eso, suelo acabar los veranos escondida y agazapada, lo más tapada posible, y hay quién me escribe preocupada para decirme que no ve pasar mi Ibiza matrícula de SS (rara avis de la zona) por delante de su casa (gracias L. por acordarte, aunque me imagines momificada en el porche cual madre de Norman Bates… jijiji)

 

¿Cosas buenas del verano? Dos

(1) Las cervecitas que me trinco al anochecer cuando resurgimos del fondo de la gruta (en invierno no asoma mi vena alcohólica) Jijiji, la Reina de Corazones parece The Queen Mother y sus gin tonics…

(y 2) Ver disfrutar a M. con la llegada de niños nuevos con los que chutar, jugar y cambiar cromos (jijiji, ¿hay mayor felicidad a los nueve años?). Aire fresco que se agradece.

Se avecinan buenos tiempos estos próximos meses.

Tiempos de excursiones para coger moras…

 

Buscar higos…

(Con lo que me gustan, me pongo ciega… ¡cuidado, que sale la gorda! )

 

La vendimia está al caer. Vides cargadas de uvas al borde de cualquier camino…

 

Cogeremos castañas… (y nos las zamparemos)

 

Y las setas brotarán de la misma manera que brotaron los veranefantes a principios de verano: a lo bestia…

 

Ya ha empezado a anochecer antes. Buen presagio. Aquí los anocheceres son en tecnicolor y 3D.

 

Y cuando llegue la nieve, los paseos y los trineos acompañarán nuestro día a día…

¡Hoy de aquí no salimos! lo de siempre cuando nieva, los quitanieves nos ignoran.

 

Los personajes habituales volverán a la puerta de casa, y sus mugidos se me harán más llevaderos que los de los paseantes nocturnos.

Y cuando llegue el momento de los horarios, la cordura y la tranquilidad (la vuelta al cole, para entendernos), remataré las novedades que estoy preparando con los ingredientes que he guisado estos días.

 

 

 

 

A todos los liberados les deseo…

 

Y a los veranefantes paseantes que sienten una soga alrededor del cuello llamada corbata, les deseo que esta semana algún rebaño de ovejas tome posiciones bajo sus ventanas y les amenicen las madrugadas. A ver que les parece.

Nosotros, mientras tanto… nos hemos quedado tan panchos…

 

Tenemos suerte, ya estamos solos aquí.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

7 comentarios leave one →
  1. agosto 30, 2011 12:27 pm

    ¡Ay,conozco la sensación!. No te preocupes, M. crecerá y disfrutaras de una soledad veraniega extraña pero agradable, a mí ya no me importa tanto que se haga verano, antes sí porque “pululaba” por la que considero “mi” playa con paipos y tupperwares con lentejas y pechuga de pollo empanada (porque a los niños no se les puede dar bocata todos los días) y aquello era MATADOR, los niños llevan los paipos por la mañana pero al atardecer, llegan de la playa arrastrados y es una quien carga…en fín, otro post de los tuyos que te pone la sonrisa (lo siento), y te echamos de menos, todo volverá a la normalidad. Un beso REINA DE HEARTS.
    PD. Esa rana creo que me la llevo porque las colecciono.

  2. agosto 30, 2011 1:00 pm

    JAJAJAJA, Que buenoooo! yo también tenía un esqueleto de pequeña, pero no era tan grande como para ponerle un gorro. Estaba todo preparado para que le coloreara sus órganos internos y luego montar todo el esqueleto. Me gustaba mucho jugar con él aunque es verdad que nunca me encajaban muy bien las piezas, jejejej. Enhorabuena, por fin la soledad y el silencio que tanto se agradecen! feliz año!

  3. agosto 31, 2011 11:13 am

    Lo mejor de la mañana!!! Me he reído hasta las lágrimas con la historia del coleccionable. La verdad es que eres única en tus narraciones!!! Feliz Año Nuevo a ti también!!
    Y a los pesado veranefantes que les den!!!

  4. agosto 31, 2011 12:52 pm

    Yo no coleccionaba esqueletos, me parecían horribles, yo tenía aquel juego, de los muchos que había temáticos que hacía fósiles con resinas y nos pasábamos todo el día matando hormigas de la terraza de mi madre y las enterrabamos entre resinas, así como que no va la cosa……¡es horrible ¿no?!
    A partir de ahora en vez de Reina de Corazones te voy a llamar “Casper”
    Besos ¡GUAPA!, qué contenta te estas poniendo ya ¿eh?, jijiji

  5. Mandarina permalink
    septiembre 11, 2011 7:12 pm

    Hola! En uno de tus anteriores posts decías que estabas buscando sitios donde vender tus joyas! (yo ya he pecado varias veces a través de mi chico). En burgos hay un sitio que se llama El armario de Carla e igual le interese, tiene muchas cosas de artistas blogueros! Seguro que puedes ponerte en contacto!

  6. septiembre 18, 2011 2:46 pm

    Muy bonito el post, te invito a mi blog http://cuentosdeotraepoca.blogspot.com espero q te guste. Un saludo.

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